Ya hace tiempo que me estoy dando cuenta de un cambio en la sociedad. Antes cuando la gente asistió a cualquier evento importante o menos importante, multitudinario o privado, se tomaba las cosas con una actitud muy distinta a la actual.
Antes la gente escuchaba, observaba e intentaba disfrutar de cada segundo del evento para guardarlo en su memoria y vivirlo al cien por cien. Pero en la actualidad el auge de la tecnología, de las redes sociales y de la conectividad esta cambiando las cosas.
No hace mucho las cámaras digitales compactas empezaron a estar en el bolsillo de todo el mundo. Luego esa tecnología paso al móvil y más adelante fue la posibilidad de grabar todo lo que ocurría de una forma muy fácil. Esta posibilidad de capturar el presente, de guardarlo para un posterior revisionado causó que la sociedad cambiara casi sin darse cuenta.
La gente asiste a los conciertos o a otros eventos y se pasa minutos, horas, grabando o fotografiándolo todo casi sin darse cuenta que no están mirando lo importante con sus ojos. Llevan siempre la cámara delante y no disfrutan como antaño de este cantante al que ama incondicionalmente, o de esa VIP que solo tendrán delante una vez en al vida.
Y eso fue solo el principio, pues ahora tenemos conectividad allá donde estamos con nuestros teléfonos, esto unido a las redes sociales ha hecho que nos solo no disfrutemos por culpa de querer hacer fotos para el recuerdo, sino que además no lo disfrutáramos porque queremos retransmitir a todos nuestros amigos lo que esta pasando en este momento.
Y esto no es una crítica a nadie en concreto, por favor que nadie se me ofenda. Al revés yo era uno de los que le encantaba guardar recuerdos de todo, que fotografiaba cada momento. Pero con el tiempo me di cuenta de que esta bien guardar los recuerdos, pero también hay que vivirlos. No en vano tengo grabado “Cazador de Recuerdos” en mi iPod.
Los tiempos cambian, la sociedad evoluciona, pero a veces hay que echar un vistazo atrás para ver si nos hemos dejado algo.









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La evolución de una caída libre. La primera atracción de estas características en España. El PNDØL consta de un brazo articulado donde los cuatro viajeros que suben son elevados hasta los 38 metros de altura, desde donde se los deja en caída libre hasta llegar a una velocidad de 100 km/h en 2,8 segundos, cosa que equivale a una fuerza de aproximadamente 4 Gs. Una vez finalizada la fase de caída al vacío, la góndola describe un movimiento pendular de unos 50 metros de recorrido que convierte el trayecto en un viaje apta sólo para los más atrevidos. Después de leer esto, ¿te atreverás a subir?![3859609879_67e6ed69c3[1] 3859609879_67e6ed69c3[1]](http://farm3.static.flickr.com/2628/3859609879_67e6ed69c3.jpg)
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